Me llamo Stand, y a veces poco les importa.
Me pregunto por dónde andan,
Por dónde están, sus vacíos aquí se presentan,
Sus ausencias delante todos se nota,
Se sabe que no están,
Pero, eso sí, a NADIE le importa.
Tres días llevo fuera de casa
pretendiendo alcanzar respuestas
de un evento gris y fatal,
Un suceso poco dulce como amargo,
¿Y qué? Solo veo un reflejo neutral,
Solo rostros repletos de miedo,
No quieren delante de todos hablar,
Parecen custodiados por un carcelero fuerte,
Ya la cobardía la llevan en la sangre,
Porque desde sus bisabuelos a nuestros padres
han bebido todos el jugo del silencio,
Han bebido todos, la sangre.
Pero yo me niego a callar,
Me desuno al enlace del eterno mandar
sin acuerdo del caserío joven.
Me llamo Stand y sigo buscando
entre cenizas a los míos,
Sigo caminando por las mañanas
no solo alrededor del cuartel,
Me adentro por la profundidad de los escombros,
Y aquí voy y escucho,
Advierte un llanto extremadamente triste,
Un grito infernal de socorro,
Es a juzgar por los pezones carcomidos, una mujer,
Seguro que ha sido madre… y aquí está,
Aquí entre escombros sin auxilio la encuentro,
Ha perdido su humilde hogar,
¡Qué diantres hago aquí, lo siento!
No podría aunque la quisiera ayudar…